La Gerencia del Hospital Virgen de la Luz de Cuenca comienza el cierre de plantas

3 abril, 2012 § 5 comentarios

Por mucho que lo intento, no puedo dejar de pensar que nos toman por tontos cada vez que escucho a nuestros políticos su neolengua para, con solo cambiar el nombre de las cosas, intentar hacer pasar por aceptables e incluso convenientes medidas indigeribles. Tampoco puedo dejar de pensar que realmente lo somos cuando veo repetir estas mismas cantinelas a los propios perjudicados por tales medidas. Pero en ocasiones considero que su cinismo mentiroso supera todos los límites posibles.

Uno de ellos ha sido la respuesta de la Gerencia del Hospital Virgen de la Luz a la protesta por el cierre injustificado de una planta completa del hospital. Me parece tremendamente grave dicho cierre, pero casi más intolerable es la justificación de que “no se trata del cierre de una planta sino de una reubicación de camas” que “no afectará en ningún momento a la calidad asistencial, ni a la plantilla del Hospital” *. Dos mentiras expresadas impunemente en una Junta de Personal ante los supuestos representantes de los trabajadores y ante una prensa apática y servil capaz de reflejar cualquier cosa venida desde el poder sin ningún tipo de contraste informativo y que es capaz de titular la noticia “El Hospital de Cuenca no se ha planteado cierre de plantas” *.

Señores políticos, directivos, sindicalistas, periodistas y ciudadanos en general: efectivamente una de las medidas tomadas directamente para conseguir la degradación del sistema público de salud es el cierre de una de las plantas del hospital, en concreto la 2ªB. Me da igual que el cierre se hiciese con el traslado de los pacientes ingresados el 1 de abril, tal y como anunció la Directora de Enfermería (motivo de bronca por parte del Gerente por “facilitar información al enemigo”), o que, por presión de la opinión pública, hayan decidido primero dejar de realizar ingresos para efectuar el cierre cuando esté vacía. El cierre de una planta no consiste nunca en una “reubicación de camas” sino en la “reubicación de enfermos” en otras habitaciones. Así como en el despido del personal de enfermería (diplomadas y auxiliares) que cubren a turnos dicha planta o en la no contratación de personal interino y temporal en otras plantas, servicios o, incluso, hospitales del SESCAM y la reubicación del personal fijo de la planta cerrada en dichos puestos de trabajo. Para el caso es exactamente lo mismo. Quizá no una reducción de la “plantilla orgánica” (en la que sólo consta el personal con plaza fija) pero sí una reducción efectiva de los profesionales contratados para atender a los enfermos ingresados.

Si de algo no puede presumir nuestro hospital es de moderno, espacioso o sobredimensionado. Sufrimos desde hace ya muchos años precisamente un agobiante problema de falta de espacio. Un problema que debería estar al menos paliado con una ambiciosa ampliación que habría estado finalizada hace ya unos años de no haberse interrumpido justo antes del inicio de las obras por la decisión meramente electoralista de prometer un hospital nuevo que finalmente no servirá más que como excusa perfecta para permitir la privatización de la medicina pública en Cuenca. Un problema de espacio que obliga con frecuencia a habilitar terceras camas en habitaciones ya de por si pequeñas para dos enfermos. En tales condiciones, cuando continuamente superamos el límite de ocupación media exigible para poder absorber picos de demanda, hablar del “despilfarro económico” que supone “un elevado número de camas desocupadas de manera permanente” es una auténtica aberración en gestión sanitaria. Incluir en la justificación el fin del concierto de la atención sociosanitaria de la unidad de media y larga estancia que se había externalizado precisamente por la falta de espacio en el hospital y su absorción sin las medidas necesarias para ello, sobrecargando con ello más aún la asistencia, nos parece que supera los límites del desprecio a sus interlocutores.

Nos parece necesario explicar a los ciudadanos que la planta cerrada, la 2ªB, se encuentra normalmente ocupada por la Unidad de Corta Estancia de Medicina Interna (UCEMI), una de las unidades de mejor funcionamiento del hospital y que por sus características conseguía una importante reduccuón de la estancia hospitalaria de los pacientes allí atendidos con una alta calidad asistencial. Los cambios producidos por su cierre, aparte de una mayor incomodidad (con un claro aumento de las terceras camas por habitación) y una peor calidad de la asistencia recibida por estos pacientes y por los de las plantas donde sean reubicados, así como una mayor carga asistencial del personal de enfermería, producirán necesariamente un aumento de la duración de la estancia hospitalaria de estos pacientes y con ello un aumento del gasto. El resto de camas suprimidas eran utilizadas por los servicios de Endocrionología, Nefrología y Medicina Interna. Buena parte de estas camas, además, pertenecían orgánicamente al Servicio de Obstetricia y Ginecología donde es más importante que en otros servicios contar con un mínimo colchón de camas disponibles en caso de necesidad. Necesidad que viene dada por la imposibilidad de programación del momento en que las gestantes se ponen de parto y la necesidad de ubicarlas en la misma planta en la que se encuentran las salas de dilatación, el paritorio y el quirófano de cesáreasy por la extrema conveniencia de evitar en lo posible situaciones emocionalmente difíciles de compartir en una misma habitación como la de la mujer que acaba de abortar con la que acaba de parir y su hijo. Estas camas reservadas para necesidades obstétricas no estaban nunca desoupadas, sino que mientras no fuesen necesarias para este servicio, eran utilizadas por los otros servicios. Hablar de “despilfarro de camas desocupadas de forma permanente” para justificar el cierre de una planta que cubría esa doble función, ejemplar en la precocidad de las altas y cuya ocupación media anual estaba entre el 88,51 y el 97,74% (datos oficiales de la Gerencia del Hospital del perido 2000-2008), cuando los estándares internacionales de calidad aconsejan que dicha ocupación media no supere el 85%, nos parece el colmo de la desinformación, el cinismo y la mentira.

No podemos seguir permitiendo ni las continuas medidas tomadas en detrimento del derecho a una asistencia sanitaria de calidad ni el menosprecio hacia los profesionales y usuarios del sistema público de salud con el que nos tratan los políticos y sus gestores a la hora de maquillar y tergiversar la realidad.

Los recortes sanitarios y su repercusión en el Hospital de Cuenca

3 abril, 2012 § 5 comentarios

Las drásticas medidas de recorte del gobierno popular en Castilla – la Mancha ya están comenzando a tener serias repercusiones en la asistencia sanitaria a los ciudadanos conquenses. Plantas de hospitalización saturadas por el recorte en el personal de enfermería y el cierre de plantas. Listas de espera disparadas hasta el punto que el SESCAM ha dejado de publicar datos oficiales sobre dichas demoras, tanto en la primera valoración por parte del especialista como en las revisiones o la realización de pruebas diagnósticas. Demoras en la primera consulta de más de un año (independientemente de la urgencia del motivo de la derivación desde Atención Primaria). Pacientes con cáncer cuya operación se retrasa varios meses por el retraso en el estudio de extensión previo. Pacientes oncológicos a los que los TACs de sus revisiones se retrasan más de seis meses respecto a lo indicado por el oncólogo responsable. Agendas cerradas por tiempo indefinido. Citologías ginecológicas para el diagnóstico precoz del cáncer de cérvix cuyos resultados tienen a día de hoy un retraso de más de cuatro meses. Fármacos imprescindibles para el tratamiento del cáncer o instrumental quirúrgico que los distribuidores ya no proporcionan al hospital por los impagos. Técnicas diagnósticas como la “biopsia con arpón” para las pacientes con sospecha mamográfica de un cáncer de mama que ya no se hacen en el hospital. Eliminación de servicios hospitalarios básicos como la hemodiálisis o la diálisis peritoneal. Caótica implantación de un sistema de historia clínica digital. Eliminación de conciertos sin soluciones alternativas, como las unidades de media y larga estancia para enfermos crónicos y ancianos, o la sustitución de algunos, como la logopedia, por otros de ínfima calidad sin ningún tipo de concurso público. Eliminación de prestaciones como la mayor parte de las pruebas metabólicas congénitas a los recién nacidos (prueba del talón). Suspensión de fondos a servicios como la unidad de cuidados paliativos. Eliminación de las sesiones clínicas hospitalarias y la posibilidad de formación continuada. Y suma y sigue.

Drásticos recortes que afectan ya seriamente a la asistencia de ciudadanos con enfermedades muy graves, disminuyendo no solo su calidad de vida sino incluso sus posibilidades de supervivencia. Recortes machaconamente amparados en la falta de recursos cuando realmente lo único que buscan es justificar el desmantelamiento de la gestión pública de la salud y su conversión en un negocio rentable precisamente para esa minoría culpable directamente de la actual situación financiera del país. Recortes dirigidos única y exclusivamente a facilitar la aceptación ciudadana de la privatización del único hospital con que cuenta nuestra provincia. Una privatización que en modo alguno supone una mejor gestión o una reducción en los costes. Los enormes beneficios detraidos de las arcas públicas, único objetivo de los inversores privados, hace que el modelo privado no sea “algo” más costoso, sino, como demuestran la experiencia en Valencia, Madrid o el Reino Unido, hasta siete veces más caro que la financiación y gestión pública. Y, como la misma experiencia ha demostrado suficientemente, unido a una peor calidad asistencial y un deterioro de todos los parámetros sanitarios evaluables objetivamente.

Por ello las actuales medidas llevadas a cabo por el actual gerente madrileño de todo el área de salud de Cuenca (actualmente Gerencia Única de Atención Primaria y Especializada) no buscan una mejor gestión de los recursos disponibles (objetivo al que no van encaminadas ninguna de las medidas adoptadas) sino otras tres intenciones bien distintas:

En primer lugar la precarización laboral de los profesionales sanitarios mediante una reducción de los sueldos, un aumento del orario, una sobrecarga de trabajo y una reducción de plantilla que alivie el coste salarial a la empresa adjudicataria del nuevo hospital, aunque sea a costa de la calidad asistencial a los usuarios.

En segundo término la reducción progresiva de la cartera de servicios que vaya a costumbrando a los ciudadanos a que buena parte de su asistencia, especialmente la más costosa, se preste fuera de la provincia, en Albacete o Ciudad Real, a cientos de kilómetros de distancia, en aquellos hospitales que se mantendrán bajo gestión pública para la atención, cada vez más deteriorada y saturada, de aquellas patologías y pacientes “menos rentables”. Esta es una estrategia que los ciudadanos conquenses no parecen querer entender pero que convertirá el futuro hospital de Cuenca en un centro comarcal destinado únicamente al tratamiento de patología menor y a la rentabilización de su infraestructura por parte de los seguros privados, mientras que los pacientes con problemas graves de salud serían derivados a los centros públicos de Albacete o Ciudad Real. Una circunstancia más grave (por nuestra lejanía geográfica) que la que se va a dar en Villarrobledo, Tomelloso, Manzanares o Almansa cuyos centros hospitalarios, por la modernidad de sus intalaciones, que no por su “falta de rentabilidad” serán los primeros en ser vendidos al capital privado para despues contratar sus servicios y donde, a diferencia de nuestra provincia, la ciudadanía está fuertemente concienciada y lleva varios meses organizándose y movilizándose en contra de tal despropósito.

Por último, toda esta batería de recortes que en ningún caso se acompañan de medidas para aumentar la eficacia de los recursos o la gestión, buscan, finalmente, algo tan simple como deteriorar al máximo posible la asistencia sanitaria del modelo actual para que cualquier opción, incluso su venta a entidades privadas, sea vista por una ciudadanía desesperada como una alternativa válida al caos y la degradación asistencial ahora comenzada y que se verán incrementados rápdamente en los próximos meses. Por ello no basta con denunciar deficiencias concretas sino que es necesario, ahora o ya nunca, frenar el despropósito que supone la venta de toda la infraestructura hospitalaria de la provincia a la empresa privada y su desmedido afán por conseguir reantabilidad a cualquier precio. No cuando ese precio es nuestra salud.

No podemos seguir instalados en el Ea! y seguir viendo pisteados nuestros derechos ciudadanos más básicos.
Joseandrés Guijarro Ponce
ATTAC-CLM
eQuo Cuenca
Plataforma por la Defensa de los Servicios Públicos y Sociales de Cuenca

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