Una reforma de la Ley Electoral a la medida del PP

25 julio, 2014 § 1 comentario

El PP ha modificado la ley Electoral del Castilla-La Mancha para mantener la mayoría absoluta y evitar la entrada de una tercera fuerza política en el Parlamento regional con la burda excusa del ahorro económico.

Una ley electoral a la medida del PP

El Partido Popular de Castilla-La Mancha, presidido por Dolores de Cospedal, ha modificado el Estatuto de Autonomía de esta CC.AA. y ha reformado la Ley Electoral para reducir el número de diputados, que pasa de 53 –según su última reforma- a 33. El motivo esgrimido es reducir el gasto. Esta pretendida austeridad contrasta con la generosidad del PP cuando permite que el Estado, y por tanto los ciudadanos, pierda más de 11.000 millones de euros por la venta de Catalunya Banc al BBVA. También se muestra Cospedal muy generosa con cargos y asesores en los que gasta más de 17 veces lo que ahorra en diputados.

En un ejercicio de cinismo, algunos responsables de PP, como el delegado de la Junta Rogelio Pardo, aseguran que de esta forma se gana en representatividad. Pero, en el fondo, detrás de esta maniobra totalmente antidemocrática, se esconde el objetivo, por otro lado evidente, de evitar la pérdida de la mayoría absoluta de que disfruta impidiendo la entrada en el Parlamento de Castilla-La Mancha de otros partidos políticos.

Una proyección de los resultados de las pasadas elecciones europeas según la ley Electoral de 2012 que establecía el número de diputados en 53 privaría al PP de su actual mayoría absoluta. Es un insulto que nos quieran convencer de que con esta reforma se conseguiría una mayor representación. Y es absolutamente vergonzoso que hasta ahora ninguna otra fuerza haya podido tener ni un solo escaño a pesar de haber recibido miles de votos en nuestra región. De hecho, con la aprobación de esta ley una cuarta parte de los votos en las elecciones autonómicas podrían quedar sin ninguna representación.

La opción por un sistema mayoritario en lugar de propocional sin permitir el sistema de circunscripción única supone todo un atentado contra la democracia y nos convierte en la segunda Comunidad Autónoma con más ciudadanos por diputado. Por supuesto estas decisiones se han tomado de forma unilateral por un solo partido sin buscar ningún tipo de consenso con otras fuerzas políticas. Esto no puede considerarse precisamente una mejora en la representatividad.
Desde Equo-Clm manifestamos nuestro más rotundo rechazo a esta reforma de la Ley Electoral por considerarla una maniobra del partido en el poder para perpetuarse socavando el pluralismo político exigible si queremos una democracia real. Desde Equo-Clm esperamos que los ciudadanos sean conscientes de las verdaderas intenciones del PP y lo tengan en cuenta a la hora de votar en las próximas elecciones haciéndoselo pagar muy caro.


Miguel Ángel Villalvilla

Equo Cuenca

Análisis postelectoral

21 noviembre, 2011 § 4 comentarios

Es difícil analizar el resultado de las elecciones desde un punto de vista que no caiga en el más oscuro pesimismo. Para eQuo la no consecución de su puesto de diputado por Madrid no puede calificarse más que de mal resultado. Principalmente porque mantendrá su mensaje en la misma situación de ostracismo que ha sufrido durante la campaña. Y precisamente estos resultados han demostrado que no basta con ilusionar a todo el que conoce su funcionamiento y su mensaje, sino que es necesario hacerse conocer por más gente. Algo realmente difícil con unos medios secuaces del bipartidismo y una población indolente que se limita a quedarse con lo que le ofrece la televisión sin poner interés en ser responsable de la información que recibe.
Pero peor que los resultados para eQuo son los resultados para el país. Para esa mitad que se declara de izquierdas y sabe o se imagina lo que se nos avecina con esa mayoría absoluta en las instituciones legislativas de la derecha más rancia, incompetente, soberbia y extrema de los últimos años. Y también para buena parte de esa otra mitad que ha votado a la derecha. Merece un análisis serio ese voto cautivo que vota a la derecha pese a ser las principales víctimas de sus políticas neoliberales. Quizá por una mezcla de ignorancia y religión, ambas a la vez tan relacionadas. Pero no es el caso ahora porque en modo alguno se trata de una victoria de la derecha. El número absoluto de votos al PP es prácticamente el mismo que en las pasadas elecciones. Y en las anteriores. Apenas medio millón de votos más que cuando Rajoy perdió sus últimas elecciones con Zapatero obteniendo 154 escaños, 32 menos que los 186 actuales.
El resultado electoral no es la historia de una victoria aplastante de la derecha, sino el fracaso estrepitoso de la izquierda. O de todo ese espectro político que va del centro a la izquierda y que cubre a los dos tercios de españoles que se sienten a la izquierda del partido popular (el voto de extrema derecha está tan incorporado al PP que los partidos a su diestra, PxC, FE, España 2000, DN,… no suman los 100.000 votos).
Son muchas las razones que han hecho a casi cinco millones de antiguos votantes del PSOE huir de esa farsa con dos caras que es el bipartidismo PPSOE. Cinco millones que apoyaron las políticas sociales de la primera legislatura de Zapatero pero que han reaccionado a su giro en la política económica hacia un neoliberalismo sin tapujos y que le han retirado esta vez hasta el saludo. Cinco millones que agrupados supondrían la tercera fuerza en el Parlamento. Cinco millones que se suman a los otros diez millones que ya antes no se consideraban representados por el PPSOE (ni por CiU o el PNV).
En total quince millones de españoles hartos del bipartidismo perpetuo de este país. Si excluimos el millón de votantes a esa cuña de centro-derecha ubicada entre PP y PSOE que es UPyD nos quedan catorce millones de ciudadanos ubicados ideológicamente a la izquierda del PSOE, que supondrían la fuerza mayoritaria en el Parlamento, pero cuya casi ausencia es la que ha proporcionado la victoria por goleada al PP. Una goleada basada en que el voto de solo un tercio de los ciudadanos mayores de edad le permitirá gobernar a su antojo sin dejarnos otro lugar de protesta que las calles. O que votados solo por un 48% de la población, el PPSOE se reparta el 84% de los escaños en el hemiciclo.
Las causas de esta situación habría que buscarlas en la Ley Electoral y la abstención. Empecemos por la primera:
Desde el movimiento 15M y desde otros foros se insiste en la poca justicia de la Ley D’Hont con los partidos minoritarios. También el programa de eQuo incorporaba su sustitición por la de Hare. Pero no es este el problema principal. eQuo tampoco hubiese conseguido representación por Madrid con otro modelo de reparto de escaños. El verdadero problema de la Ley Electoral actual es su modelo de representación territorial basado en pequeñas circunscripciones que son las que concentran el voto en los partidos mayoritarios. Con el mismo número de votos, si España contase con un modelo de circunscripción única, el PP hubiese obtenido 28 escaños menos, mientras que IU hubiese obtenido 14 más, UPyD 12 más y eQuo-Compromís habrían obtenido 5 escaños, además de haber tenido representación parlamentaria otros tres grupos y quedar un escaño vacío correspondiente a “Escaños en blanco”. Con este panorama el PP no habría obtenido mayoría absoluta y el Parlamento tendría una mayor pluralidad.


De todas maneras, incluso con una circunscripción electoral única, el PP habría podido gobernar cómodamente en coalición con CiU, ambos partidarios de vender las estructuras del Estado al mejor postor y dejar gobernar a los “mercados”. ¿cómo es posible que después de gritar hasta quedarnos afónicos en todas las plazas del país que no somos mercancía en manos de banqueros, demos el voto a quien lleva explícitamente en su programa vender nuestros bienes para pagar el festín de los magnates para, si hay suerte, podamos hacernos con alguna de las migas que caigan de su mesa?¿podría interpretarse la victoria del PP como el fracaso tanto del PSOE como del 15M? En modo alguno pienso ésto. Creo que el espíritu del 15M está más vivo que nunca y que será también más necesario que nunca en el futuro más cercano. Pero también estoy convencido de dos graves errores en su estrategia. Por un lado el querer desmarcarse desde un principio de la polaridad derecha-izquierda y la confianza en la capacidad de sumarse al movimiento de los votantes de derecha. Algunos incluso creen que una vez conseguidos con los del PSOE (en cuya debacle el 15M ha tenido un papel fundamental), la política antisocial del PP hará lo mismo con sus votantes tradicionales. Dejadme que lo dude. Todos los planteamientos del 15M son radicalmente de izquierdas y no calarán nunca en el votante tradicional de la derecha, al que le da pavor los procedimientos asamblearios y el tomar responsabilidades sin un beneficio personal directo. Es el momento de quitarnos los complejos y afrontar claramente que el bipartidismo es el instrumento de la derecha económica y que los ciudadanos indignados con esta situación estamos todos a la izquierda de ambos.
El otro problema, relacionado también con cierto temor de los primeros participantes en el 15M a ser relacionados con uno u otro partido, es su alejamiento de la participación política directa y la puesta en un plano de igualdad de la abstención o el voto nulo con el apoyo a cualquier partido político que defendiese los mismo principios que dieron sustento a las movilizaciones ciudadanas. Una condescendencia que no entendía que la abstención es la mejor herramienta del bipartidismo, y especialmente de la derecha. El Partido Popular nunca ha ganado por un aumento de sus votantes sino por un aumento de la abstención, y a los actuales les importa poco si sus flamantes 186 diputados se han conseguido con votos o con abstenciones, sólo les importa lo que van a poder hacer con tan tremendo poder. Es cierto que en los últimos días estas plataformas ciudadanas han parecido darse cuenta del error y han reclamado activamente el voto a partidos minoritarios. Pero éste ha sido un giro quizá demasiado tardío y, en ocasiones, totalmente equivocado, como las iniciativas para elegir el partido minoritario al que votar no en función de su trayectoria o sus propuestas sino exclusivamente de burdos cálculos estratégicos sobre sus posibilidades de obtener escaño. No podemos llevar a buen puerto ningún movimiento ciudadano huyendo de ideologías. No debemos olvidar que España 2000, Democracia nacional, Plataforma per Catalunya,… también son partidos “minoritarios”. Esta falta de horizonte, unido a las ojeras que imponen los grandes medios impidiendo ver más allá del bipartidismo y que hace que los votantes desencantados de uno de los partidos mayoritarios se sientan perdidos sin saber a donde dirigir su voto, son, en buena medida la causa del aumento de la abstención que, sin duda, ha sido la clave para la victoria del PP.
Evidentemente la clave de la abstención no está sólo en la manipulación de los medios o el error táctico del 15M. También los integrantes del 15M que consideramos que, junto con la acción callejera y la asamblearia, es importante la acción política y que participamos activamente en algún partido político de izquierda debemos hacer nuestra propia reflexión de por qué no hemos sabido captar con intensidad ese rechazo al bipartidismo y a la corrupción e incompetencia de nuestros dirigentes. Nos congratulamos del importante ascenso de Izquierda Unida, pero el salto en número de escaños no se corresponde con un aumento igual de espectacular en el número de votos, que apenas ha doblado los irrisorios resultados de las últimas elecciones y se queda por debajo de comicios pretéritos previos a que el recurso al “voto útil” comenzase un trasvase continuo de IU al PSOE. Es destacable que un partido sin pretensiones de cambio más allá del de la Ley Electoral, como es UPyD, haya sufrido un ascenso proporcionalmente mucho mayor, multiplicando casi por cuatro sus últimos resultados. Tampoco puede servirnos a eQuo escudarnos en la falta de medios, el compromiso de no endeudarnos con los bancos para mantener la independencia, las trabas de los grandes partidos, la falta de tiempo o cualquier otra excusa para justificar la escasa identificación con ese montón de gente desengañada con la política tradicional de donde nosotros mismos venimos. Otros partidos con planteamientos diferentes que deberían haber podido captar la gente que no coincidiese con las propuestas de eQuo o IU han tenido todavía menos capacidad de ilusionar (Anticapitalistas, PACMA, PUM+J, PCPE,…).
No es por tanto la disgregación de la izquierda la que la hace débil, como tantos años ha argumentado sin razón pero con éxito el PSOE y estas mismas elecciones ha utilizado IU hacia eQuo acusándolo de disgregar el voto de la izquierda y reducir la representación parlamentaria de ésta. De hecho, con los datos en la mano, en la circunscripción de Madrid, si todos los votantes de eQuo lo hubiesen hecho a IU el reparto de escaños hubiese sido exactamente el mismo. Sin embargo si 30.000 votantes de IU lo hubiesen hecho a eQuo éste hubiese conseguido su escaño sin perjuicio de IU que hubiese seguido obteniendo sus tres actuales, sino a costa de uno de los de UPyD. Este es solo otro ejemplo de lo equivocado de invocar al voto útil en cada circunscripción como desde algunos sitios web se ha venido haciendo (con la mejor de las intenciones) durante esta campaña electoral.
La causa última es el desapego de la izquierda a la participación en las urnas. Un desapego que hace que la derecha esté volviendo a quitarnos un derecho que a nuestros mayores tanto esfuerzo costó conseguir. Necesitamos concienciarnos que si bien es cierto que el actual juego político no permite grandes reformas de las reglas del juego sin una acción decidida y constante en las calles, también lo es que esta acción en la calle y fuera de los partidos, por muy necesaria que sea, es insuficiente para conseguir cualquier logro sin usar los partidos como la herramienta necesaria para tomar el asalto pacífico a las instituciones que dictan dichas reglas. Quizá sea el momento de plantear una unión estratégica global de todas las formaciones de izquierdas, al menos para objetivos puntuales en los que todos coincidimos, pero antes es necesario conseguir la unión de los ciudadanos de izquierdas con sus partidos. No hemos sabido hacerlo hasta ahora. Quizá los futuros excesos de Rajoy nos obliguen a ello.

¿Qué es una sanidad pública, universal y gratuita?

29 octubre, 2011 § 1 comentario

Mientras CiU trocea y vende los retales de la sanidad pública catalana a un holding de empresas privadas, el PP ha comenzado ya a meter la tijera en las prestaciones sanitarias allí donde gobierna, como Castilla-la Mancha, Galicia, Murcia o Baleares, y empiezan a filtrarse los recortes preparados para después de las elecciones, frenados de momento para no desvelar las intenciones de Rajoy, sus líderes siguen ocultando sus intenciones bajo difusos eufemismos.

Dolores de Cospedal, la misma que recortó en 400 millones de euros el presupuesto nada más ocupar la presidencia de Castilla-la Mancha y propone sin complejos vender centros sanitarios para el posterior arrendamiento para su uso, o adoptar el modelo de PFI (Private Initiative Finance) de esperanza Aguirre, no quiebra la voz al prometer, como portavoz popular en la precampaña, que el Partido Popular garantizará una “sanidad pública, universal y gratuita”.

El mismo Mariano Rajoy, tras decidir no realizar ruedas de prensa durante la campaña electoral para evitar preguntas incómodas sobre los planes de gobierno que oculta a los ciudadanos a los que pide su voto, acaba de afirmar hoy mismo en una entrevista para la revista Yo Dona “No voy a renunciar a ahorrar en educación y sanidad, pero seguirán siendo un servicio universal, público y gratuito”.

La afirmación no debería sorprendernos estando como estamos acostumbrados a que los dos partidos mayoritarios no consideren las promesas electorales y el mismo programa electoral como un contrato vinculante con los ciudadanos que los eligen como sus representantes, sino como papel mojado que olvidan inmediatamente una vez que toman posesión de sus cargos.

Pero incluso si fuésemos tan ilusos de pensar que sus promesas suponen algún compromiso para sus acciones de gobierno, habría que analizar con detalle cual es el verdadero significado de estas promesas y qué entienden por pública, universal y gratuita.

¿Qué es una sanidad pública?

Debería ser evidente que una sanidad financiada por los impuestos de todos y gestionada por las instituciones elegidas democráticamente por los ciudadanos, centrada como único objetivo en la calidad y equidad y en su función social de mejorar la salud de los ciudadanos, esos que con sus impuestos la costean. ¿es esa la sanidad pública que promete el Partido Popular? Ni mucho menos. Su concepto es muy distinto. Para ellos el adjetivo de “público” es aplicable sólo a quien realiza la financiación, siendo irrelevante que el encargado de la prestación de servicios sea la empresa privada. Así lo dice con la boca pequeña el Partido Popular y lo grita a los cuatro vientos CiU al salir a la luz su plan de trocear el Institut Catalá de la Salut y venderlo a un holding de empresas para que se haga cargo de la prestación de servicios. Da igual que tanto el laboratorio de privatizaciones desarrollado desde hace más de una década en nuestro país (fundaciones sanitarias, consorcios, empresas públicas, concesiones de obras públicas, concesiones administrativas,…) como el más antiguo del Reino Unido y otros países hayan demostrado a estas alturas con meridiana claridad la falsedad evidente de que la gestión privada dota a los hospitales de una mayor eficiencia, flexibilidad y gobernabilidad a un menor coste. Da igual que la falsedad del argumento de la transferencia de riesgos al capital privado se haya hecho evidente en varios casos de rescate o renegociación al alza volviendo al viejo esquema de privatizar los beneficios y socializar las pérdidas. Da igual que el beneficio contable a corto plazo para ganar votos a base de inaugurar hospitales “gratis” hipoteque el gasto y las prestaciones sanitarias para las siguientes tres décadas. Da igual que se cambie la búsqueda de la salud del conjunto de la población por el lucro económico de unos pocos. Da igual. Basta con repetir las mismas mentiras hasta la saciedad en los medios de los que son propietarios, o hacer repetir a los tertulianos de turno que esto es lo moderno o que dada la crisis actual es la única alternativa para mantener una sanidad pública. Porque igual que no se les cae la cara de vergüenza al afirmar que dejar de contratar interinos no es despedir personal sanitario, tampoco se les cae al decir que vender las infraestructuras sanitarias a la empresa privada para despues pagar un canon por usarlas no es privatizar la sanidad.

¿Qué es una sanidad universal?

Desde luego sólo la que viene avalada por una ley que garantice dicha prestación a todos los ciudadanos residentes en el país en cuestión, lo que no podría ser de otra manera desde que la financiación procede íntegramente de los presupestos generales del estado y no de las cotizaciones individuales a la Segurudad Social.

En este caso no tememos que deje de serlo con un gobierno de derechas, simplemente porque (aunque pueda extrañar a muchos) la asistencia sanitaria no es ni nunca ha sido universal. Es cierto que las diversas puertas de entrada al derecho de asistencia sanitaria han ido aumentando progresivamente, la última con la Reforma de la ley General de Salud Pública el mes pasado, y la cobertura fáctica alcanza hoy casi al 99% de la población. Pero los intentos de declaración por ley de una cobertura universal han quedado siempre en dique seco. ¿Por qué esta resistencia a declarar realmente la universalidad de la asistencia si en la práctica es cercana al 100% pero con una maraña de títulos de derecho a dicha asistencia? La explicación es sencilla. Una ley que declare la asistencia sanitaria un derecho universal necesita para su derogación de otra ley que afirme explícitamente que deja de serlo. La situación actual, sin embargo, pouede ser recorrida en sentido inverso con total sigilo. Por supuesto la exclusión a la asistencia no vendrá (al menos en un primer momento) para las clases desfavorecidas, sino por el lado opuesto, el de las clases pudientes a los que se les financiará “su” sanidad por vías distintas a las del resto. Muy posblemente por la vía de la doble financiación, como veremos en la pregunta siguiente.

¿Qué es una sanidad gratuita?

Otro concepto que debería ser inequívoco pero que no lo es. Las constantes amenazas del copago desde hace tanto tiempo nunca han buscado su verdadera introducción, que todos los políticos saben que, aparte de su impopularidad y la potencial pérdida de votos que esta medida podría suponer, no supone ningún alivio financiero sustancial para el gasto sanitario. Su finalidad es otra. Por un lado hacer creer que con tal de conjurar la amenaza del copago, cualquier propuesta que, mentiras mediante, se nos venda como un ahooro de los “insoportables” costes del modelo actual debe ser aceptada sin protesta. La otra, aún más mezquina, es hacernos creer que mientras no se implante el copago, la asistencia sanitaria es gratuita. Dejemos de lado que en España la asistencia sanitaria nunca ha sido gratuita salvo para los jubilados pues en este debate se omite casi sistemáticamente el copago farmacéutico. Un copago además que no es similar para todos los usuarios pues funcionarios, jueces o miembros de las fuerzas de seguridad en activo tienen una tasa de copago inferior al resto de beneficiarios del SNS. Pero dejemos este punto de lado porque un aspecto más importante y clave en los planes de privatización de la sanidad es que para considerar una sanidad pública como gratuita, no basta con que sea gratuita. No. Esa asistencia sanitaria debe ser gratuita y “de calidad”. De una calidad equiparable a la mejor de las opciones privadas, tal y como todavía ocurre en nuestro “desfasado y obsoleto” Sistema Nacional de salud. De lo contrario, y ese es su objetivo final, el sistema público acaba convirtiéndose en una asistencia de beneficiencia donde se acoge a todo el que no puede pagarse una asistencia privada pero con un estándares de calidad asistencial tan bajos que quien quiera (y pueda pagar) una asistencia óptima tenga que recurrir a la oferta privada.

La estrategia no debe extrañarnos pues es la misma que es utilizada en el otro sector clave de los servicios públicos que se está entregando a los que buscan hacer de ellos un negocio. Pero, como en aquella, con un tremendo agravante. Que el modelo elegido lo que consigue además es la fuga de los recursos de la financiación pública para sufragar los costes de la empresa privada. Algo que en educación lleva años funcionándoles a las mil maravillas con el concepto de educación pública concertada y que en sanidad empezará a funcionar con el término de acuerdo de financiación mixta pública-privada.

Por todo lo anterior, mucho cuidado con lo que entendemos cuando a algunos políticos se les llena la boca garantizando una “sanidad pública, universal y gratuita”

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