Análisis postelectoral

21 noviembre, 2011 § 4 comentarios

Es difícil analizar el resultado de las elecciones desde un punto de vista que no caiga en el más oscuro pesimismo. Para eQuo la no consecución de su puesto de diputado por Madrid no puede calificarse más que de mal resultado. Principalmente porque mantendrá su mensaje en la misma situación de ostracismo que ha sufrido durante la campaña. Y precisamente estos resultados han demostrado que no basta con ilusionar a todo el que conoce su funcionamiento y su mensaje, sino que es necesario hacerse conocer por más gente. Algo realmente difícil con unos medios secuaces del bipartidismo y una población indolente que se limita a quedarse con lo que le ofrece la televisión sin poner interés en ser responsable de la información que recibe.
Pero peor que los resultados para eQuo son los resultados para el país. Para esa mitad que se declara de izquierdas y sabe o se imagina lo que se nos avecina con esa mayoría absoluta en las instituciones legislativas de la derecha más rancia, incompetente, soberbia y extrema de los últimos años. Y también para buena parte de esa otra mitad que ha votado a la derecha. Merece un análisis serio ese voto cautivo que vota a la derecha pese a ser las principales víctimas de sus políticas neoliberales. Quizá por una mezcla de ignorancia y religión, ambas a la vez tan relacionadas. Pero no es el caso ahora porque en modo alguno se trata de una victoria de la derecha. El número absoluto de votos al PP es prácticamente el mismo que en las pasadas elecciones. Y en las anteriores. Apenas medio millón de votos más que cuando Rajoy perdió sus últimas elecciones con Zapatero obteniendo 154 escaños, 32 menos que los 186 actuales.
El resultado electoral no es la historia de una victoria aplastante de la derecha, sino el fracaso estrepitoso de la izquierda. O de todo ese espectro político que va del centro a la izquierda y que cubre a los dos tercios de españoles que se sienten a la izquierda del partido popular (el voto de extrema derecha está tan incorporado al PP que los partidos a su diestra, PxC, FE, España 2000, DN,… no suman los 100.000 votos).
Son muchas las razones que han hecho a casi cinco millones de antiguos votantes del PSOE huir de esa farsa con dos caras que es el bipartidismo PPSOE. Cinco millones que apoyaron las políticas sociales de la primera legislatura de Zapatero pero que han reaccionado a su giro en la política económica hacia un neoliberalismo sin tapujos y que le han retirado esta vez hasta el saludo. Cinco millones que agrupados supondrían la tercera fuerza en el Parlamento. Cinco millones que se suman a los otros diez millones que ya antes no se consideraban representados por el PPSOE (ni por CiU o el PNV).
En total quince millones de españoles hartos del bipartidismo perpetuo de este país. Si excluimos el millón de votantes a esa cuña de centro-derecha ubicada entre PP y PSOE que es UPyD nos quedan catorce millones de ciudadanos ubicados ideológicamente a la izquierda del PSOE, que supondrían la fuerza mayoritaria en el Parlamento, pero cuya casi ausencia es la que ha proporcionado la victoria por goleada al PP. Una goleada basada en que el voto de solo un tercio de los ciudadanos mayores de edad le permitirá gobernar a su antojo sin dejarnos otro lugar de protesta que las calles. O que votados solo por un 48% de la población, el PPSOE se reparta el 84% de los escaños en el hemiciclo.
Las causas de esta situación habría que buscarlas en la Ley Electoral y la abstención. Empecemos por la primera:
Desde el movimiento 15M y desde otros foros se insiste en la poca justicia de la Ley D’Hont con los partidos minoritarios. También el programa de eQuo incorporaba su sustitición por la de Hare. Pero no es este el problema principal. eQuo tampoco hubiese conseguido representación por Madrid con otro modelo de reparto de escaños. El verdadero problema de la Ley Electoral actual es su modelo de representación territorial basado en pequeñas circunscripciones que son las que concentran el voto en los partidos mayoritarios. Con el mismo número de votos, si España contase con un modelo de circunscripción única, el PP hubiese obtenido 28 escaños menos, mientras que IU hubiese obtenido 14 más, UPyD 12 más y eQuo-Compromís habrían obtenido 5 escaños, además de haber tenido representación parlamentaria otros tres grupos y quedar un escaño vacío correspondiente a “Escaños en blanco”. Con este panorama el PP no habría obtenido mayoría absoluta y el Parlamento tendría una mayor pluralidad.


De todas maneras, incluso con una circunscripción electoral única, el PP habría podido gobernar cómodamente en coalición con CiU, ambos partidarios de vender las estructuras del Estado al mejor postor y dejar gobernar a los “mercados”. ¿cómo es posible que después de gritar hasta quedarnos afónicos en todas las plazas del país que no somos mercancía en manos de banqueros, demos el voto a quien lleva explícitamente en su programa vender nuestros bienes para pagar el festín de los magnates para, si hay suerte, podamos hacernos con alguna de las migas que caigan de su mesa?¿podría interpretarse la victoria del PP como el fracaso tanto del PSOE como del 15M? En modo alguno pienso ésto. Creo que el espíritu del 15M está más vivo que nunca y que será también más necesario que nunca en el futuro más cercano. Pero también estoy convencido de dos graves errores en su estrategia. Por un lado el querer desmarcarse desde un principio de la polaridad derecha-izquierda y la confianza en la capacidad de sumarse al movimiento de los votantes de derecha. Algunos incluso creen que una vez conseguidos con los del PSOE (en cuya debacle el 15M ha tenido un papel fundamental), la política antisocial del PP hará lo mismo con sus votantes tradicionales. Dejadme que lo dude. Todos los planteamientos del 15M son radicalmente de izquierdas y no calarán nunca en el votante tradicional de la derecha, al que le da pavor los procedimientos asamblearios y el tomar responsabilidades sin un beneficio personal directo. Es el momento de quitarnos los complejos y afrontar claramente que el bipartidismo es el instrumento de la derecha económica y que los ciudadanos indignados con esta situación estamos todos a la izquierda de ambos.
El otro problema, relacionado también con cierto temor de los primeros participantes en el 15M a ser relacionados con uno u otro partido, es su alejamiento de la participación política directa y la puesta en un plano de igualdad de la abstención o el voto nulo con el apoyo a cualquier partido político que defendiese los mismo principios que dieron sustento a las movilizaciones ciudadanas. Una condescendencia que no entendía que la abstención es la mejor herramienta del bipartidismo, y especialmente de la derecha. El Partido Popular nunca ha ganado por un aumento de sus votantes sino por un aumento de la abstención, y a los actuales les importa poco si sus flamantes 186 diputados se han conseguido con votos o con abstenciones, sólo les importa lo que van a poder hacer con tan tremendo poder. Es cierto que en los últimos días estas plataformas ciudadanas han parecido darse cuenta del error y han reclamado activamente el voto a partidos minoritarios. Pero éste ha sido un giro quizá demasiado tardío y, en ocasiones, totalmente equivocado, como las iniciativas para elegir el partido minoritario al que votar no en función de su trayectoria o sus propuestas sino exclusivamente de burdos cálculos estratégicos sobre sus posibilidades de obtener escaño. No podemos llevar a buen puerto ningún movimiento ciudadano huyendo de ideologías. No debemos olvidar que España 2000, Democracia nacional, Plataforma per Catalunya,… también son partidos “minoritarios”. Esta falta de horizonte, unido a las ojeras que imponen los grandes medios impidiendo ver más allá del bipartidismo y que hace que los votantes desencantados de uno de los partidos mayoritarios se sientan perdidos sin saber a donde dirigir su voto, son, en buena medida la causa del aumento de la abstención que, sin duda, ha sido la clave para la victoria del PP.
Evidentemente la clave de la abstención no está sólo en la manipulación de los medios o el error táctico del 15M. También los integrantes del 15M que consideramos que, junto con la acción callejera y la asamblearia, es importante la acción política y que participamos activamente en algún partido político de izquierda debemos hacer nuestra propia reflexión de por qué no hemos sabido captar con intensidad ese rechazo al bipartidismo y a la corrupción e incompetencia de nuestros dirigentes. Nos congratulamos del importante ascenso de Izquierda Unida, pero el salto en número de escaños no se corresponde con un aumento igual de espectacular en el número de votos, que apenas ha doblado los irrisorios resultados de las últimas elecciones y se queda por debajo de comicios pretéritos previos a que el recurso al “voto útil” comenzase un trasvase continuo de IU al PSOE. Es destacable que un partido sin pretensiones de cambio más allá del de la Ley Electoral, como es UPyD, haya sufrido un ascenso proporcionalmente mucho mayor, multiplicando casi por cuatro sus últimos resultados. Tampoco puede servirnos a eQuo escudarnos en la falta de medios, el compromiso de no endeudarnos con los bancos para mantener la independencia, las trabas de los grandes partidos, la falta de tiempo o cualquier otra excusa para justificar la escasa identificación con ese montón de gente desengañada con la política tradicional de donde nosotros mismos venimos. Otros partidos con planteamientos diferentes que deberían haber podido captar la gente que no coincidiese con las propuestas de eQuo o IU han tenido todavía menos capacidad de ilusionar (Anticapitalistas, PACMA, PUM+J, PCPE,…).
No es por tanto la disgregación de la izquierda la que la hace débil, como tantos años ha argumentado sin razón pero con éxito el PSOE y estas mismas elecciones ha utilizado IU hacia eQuo acusándolo de disgregar el voto de la izquierda y reducir la representación parlamentaria de ésta. De hecho, con los datos en la mano, en la circunscripción de Madrid, si todos los votantes de eQuo lo hubiesen hecho a IU el reparto de escaños hubiese sido exactamente el mismo. Sin embargo si 30.000 votantes de IU lo hubiesen hecho a eQuo éste hubiese conseguido su escaño sin perjuicio de IU que hubiese seguido obteniendo sus tres actuales, sino a costa de uno de los de UPyD. Este es solo otro ejemplo de lo equivocado de invocar al voto útil en cada circunscripción como desde algunos sitios web se ha venido haciendo (con la mejor de las intenciones) durante esta campaña electoral.
La causa última es el desapego de la izquierda a la participación en las urnas. Un desapego que hace que la derecha esté volviendo a quitarnos un derecho que a nuestros mayores tanto esfuerzo costó conseguir. Necesitamos concienciarnos que si bien es cierto que el actual juego político no permite grandes reformas de las reglas del juego sin una acción decidida y constante en las calles, también lo es que esta acción en la calle y fuera de los partidos, por muy necesaria que sea, es insuficiente para conseguir cualquier logro sin usar los partidos como la herramienta necesaria para tomar el asalto pacífico a las instituciones que dictan dichas reglas. Quizá sea el momento de plantear una unión estratégica global de todas las formaciones de izquierdas, al menos para objetivos puntuales en los que todos coincidimos, pero antes es necesario conseguir la unión de los ciudadanos de izquierdas con sus partidos. No hemos sabido hacerlo hasta ahora. Quizá los futuros excesos de Rajoy nos obliguen a ello.

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La pluralidad democrática, una carrera de obstáculos

7 noviembre, 2011 § Deja un comentario

Sabíamos que era una empresa difícil, cuando presentamos el proyecto EQUO en septiembre del año pasado. Evidentemente, la injusta Ley Electoral no ayuda a que nuevas formaciones políticas se presenten a las elecciones en España. Menos aún a unas generales. La falta de medios materiales con la que nos enfrentamos y la decisión de no acudir a ningún tipo de préstamos financieros o de donativos de grandes empresas acían la aventura realmente complicada. Todo ello, sin embargo, lo afrontamos con mucha ilusión, animados por el entusiasmo de los cientos de personas que hemos encontrado en todos los rincones del país, y el modesto apoyo de los verdes europeos, expresado económicamente a través de unas aún más modestas aportaciones para la organización de algunas jornadas y eventos (menos de 25.000 euros hasta la fecha). Nada que ver con “los millones de Cohn-Bendit” de los que alguno ha hablado.
Poco a poco nos hemos abierto un hueco nada fácil en la política española, entre el bipartidismo feroz alimentado por los grandes miembros de comunicación, y las minorías ya sentadas en el Parlamento decididas a no dejar que nada más se mueva bajo el sol de la democracia. Pero el tesón de un puñado de ciudadanos y ciudadanas, alimentado por el apoyo moral y material de otros cuantos miles están aupando a EQUO hacia las elecciones del 20 noviembre, hasta el punto que empezamos a aparecer en las encuestas.
Somos ya más de 2.500 los ciudadanos que nos hemos comprometido con este proyecto de ecología política y equidad social. Casi 10.000 los que han expresado su clara simpatía a través del formulario de la Equomunidad. Y más de 45.000 los que han apretado el botón “Me gusta” en nuestra página de Facebook. Es un gran principio, pero su materialización para llegar a las urnas está siendo una carrera de obstáculos aún mayores que los previstos.
Porque estábamos preparados para una Ley Electoral que castiga injustamente a las alternativas minoritarias y beneficia claramente el bipartidismo o las opciones nacionalistas. También éramos conscientes de nuestra falta de recursos. Enfrentamos con dignidad un imprevisto adelanto electoral de varios meses -la enésima jugarreta de Zapatero- e incluso superamos con nota la barrera de obtener las firmas del 0,1% del censo electoral en cada circunscripción para podernos presentar. Esta última no ha sido una tarea menor, como algunos han supuesto tras conseguir el apoyo de más de 80.000 ciudadanos. Ha supuesto un esfuerzo titánico, solo superado gracias a la implicación de muchos cientos de voluntarios y voluntarias que han pateado las calles de pueblos y ciudades. De hecho, la recogida de avales y el adelanto electoral combinados han impedido que EQUO se pueda presentar en las 48 circunscripciones que tenía previstas, dejando aparte las cuatro provincias catalanas.
Aún con todo esto, EQUO se presenta en 43 provincias, el 82% de España, en cinco de ellas en coalición con otras fuerzas afines. Pero para la Junta Electoral Central esto no es suficiente para ser considerada una fuerza de ámbito estatal y tener derecho a espacios gratuitos en las emisiones nacionales de la radiotelevisión pública. Porque las 38 provincias donde nos presentamos en solitario “solamente” suponen el 74% del territorio, y se necesita el 75% para tener ese “derecho”. Las otras cinco provincias no cuentan por ir en coalición, a pesar de que el nombre EQUO figura destacadamente en todas ellas, y en el caso valenciano incluso figura en el logotipo de la papeleta. Tampoco parece servir que en Baleares y Santa Cruz de Tenerife -las otras dos provincias donde vamos en coalición- tengamos candidaturas en solitario al Senado para las islas de Menorca, La Palma y La Gomera. Quién puso ese 75% como umbral, y por qué no computan estas cinco circunscripciones es un misterio, pero según la JEC, dependiente de un Parlamento gobernado por ya saben ustedes quien, ello nos impide disfrutar de esos espacios gratuitos.
Pero no se crean que estamos hablando de salir en el Telediario. Los espacios gratuitos a las fuerzas sin representación parlamentaria, que es nuestro caso por presentarnos por primera vez, están limitados a un máximo de diez minutos de emisión a lo largo de las dos semanas de campaña, en La 2 y en horario de madrugada. Realmente, no solo nos humillan, sino que se ríen de nosotros. Luego se sorprenden y se rasgan las hipócritas vestiduras porque el pasado 15 de octubre decenas de miles de ciudadanos pidiéramos en las calles DEMOCRACIA REAL YA.
¿Saben ustedes cuántas fuerzas parlamentarias han defendido el derecho de EQUO a usar esos ridículos espacios que ahora se rellenan con anuncios de la propia TVE -o sea que no se pierde dinero como antes por sustituir publicidad-? Efectivamente, ningún partido ha alzado la voz. ¿Saben cuántos pidieron que se retirara el nuevo obstáculo de los avales de la última reforma de enero? Así es, ninguno también. Ni siquiera los que se llenan la boca continuamente pidiendo la reforma electoral… sólo para lo que les conviene.
Recuerdo cuando salían en la tele, uno detrás de otro, los representantes de partidos totalmente desconocidos, algunos realmente rocambolescos. Supuestamente para evitar ese dispendio, más el gasto en papeletas, censos, etc., era por lo que habían impuesto el requisito de los avales. Pero ahora se ve a las claras que ese no era el motivo. Se trataba de poner nuevos obstáculos a la democracia participativa, blindar el bipartidismo y el status quo. Desde luego si conseguimos llegar a tener representación parlamentaria -y creo que la vamos a conseguir-, podremos sentirnos orgullosos de haber superado esta larga carrera de obstáculos, porque nadie nos está regalando nada.

Fdo: Alejandro Sánchez, n* 3 de eQuo por Madrid

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